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Acuerdo entre fiscal y abogados en un juicio 'exprés’ por asesinato

Un juicio con jurado por asesinato, con una duración prevista de diez días, se ha resuelto en poco más de cuatro horas. La Sala del Jurado del Tribunal Superior de Justicia, dirigida por el magistrado Álvaro Castaño, de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Murcia, fue testigo durante la mañana de ayer de lo que, probablemente, haya sido el juicio de estas características más rápido de la historia de la Región. El motivo: un acuerdo alcanzado entre la fiscal, Arancha Morales; el abogado de la acusación particular (que representa a la familia del difunto), Miguel Cobacho; y el abogado de la defensa, José María Caballero.

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Después de que ambos abogados renunciaran a interrogar a varios de los testigos, el Ministerio Fiscal rebajó la pena inicial de 18 años de cárcel a 12 años y medio, tras tener en cuenta como atenuantes la drogadicción del acusado, el tiempo que había estado esperando el juicio por “el colapso del sistema judicial” (más de tres años, que serán descontados de la pena que imponga el juez), y el hecho de que había indemnizado a cada uno de los hijos de la víctima con 6.000 euros. También se tuvo en cuenta el parentesco entre asesino y asesinado (hijastro y padrastro, respectivamente), situación que el Código Penal entiende como agravante, o lo que es lo mismo, como una circunstancia que incrementa los años de prisión que debe conllevar este tipo de delitos. Tras menos de una hora de deliberación, el jurado concluyó que el acusado era culpable de asesinato, ya que mató a su víctima de forma sorpresiva. Él nunca negó estos hechos, se limitó a culpar de ello a veinte años de consumo de drogas.

El imputado, José Carlos M.A., estaba acusado de asesinar en febrero de 2009 a su padrastro, Ángel S.C., tras una discusión. Según relatan los escritos del Ministerio Fiscal, su madre y el fallecido habían llegado a un acuerdo económico, mediante el cual ella se comprometería contraer matrimonio y a cuidar del hombre, inválido y de 77 años de edad, a cambio de una paga mensual y, cuando falleciera, de una pensión de viudedad. De esta forma, el matrimonio convivía, al parecer de mala gana, en una finca ubicada en Molina de Segura propiedad del fallecido, pero en distintas casas.

Cuando José Carlos, con un amplio historial delictivo, salió de la cárcel, se mudó al apartamento donde residía su madre, bajo tres condiciones: no beber, trabajar y ayudar a Ángel en las labores que necesitara. Un día en que su madre no se encontraba en el apartamento, y tras una discusión en la que el padrastro le dijo que tenía que marcharse de su casa por incumplir las condiciones, el acusado le propinó una serie de golpes. Debido al aturdimiento y a su discapacidad, Ángel tuvo que sentarse en el porche del apartamento, momento en el cual José Carlos le sorprendió por la espalda y le oprimió el cuello hasta romperle dos vértebras, lo que le produjo la muerte.

Transcurridas unas horas, y según las palabras del propio José Carlos, que se encontraba "en una nube” debido a la ingesta de alcohol, hachís, cocaína y heroína, sin poder pensar con mucha claridad, introdujo el cadáver en el maletero del coche del difunto, lo roció con salfumán para dejar su rostro irreconocible y lo abandonó en un descampado cerca de Los Mateos, en Cartagena. El lugar es famoso por ser frecuentado por politoxicómanos. Tras contemplar las fotos de la autopsia, en las que se veía un hombre con la cara totalmente deformada y sin piel, se podría pensar que el plan de hacerlo irreconocible habría funcionado si no fuera porque dejó el cadáver dentro del coche del difunto, junto con su documentación.

Plenamente consciente de sus actos

Según la evaluación psicológica realizada por los peritos del Estado, trabajadores del Instituto Anatómico Forense de Murcia, “el acusado presenta un cuadro de dependencia al alcohol y al cannabis, y de abuso de cocaína y heroína, lo que le ha causado una personalidad paranoide y un cuadro de ansiedad, […] pero que no han alterado sus capacidades cognitivas ni volitivas”, o lo que es lo mismo, que el acusado era plenamente consciente de lo que estaba haciendo y que, a pesar de su personalidad alterada por el abuso de estupefacientes, sabe diferenciar perfectamente entre el bien y el mal.

Durante el juicio, José Carlos parecía encontrarse tranquilo, siguiendo con interés las declaraciones de los distintos testigos, saludando a los conocidos que se encontraban en la sala y contestando a las preguntas de la acusación y la defensa. Especialmente significativo fue cuando proyectaron las fotos de la autopsia de la víctima. Mientras el resto de la sala apartaba la mirada de aquellas imágenes (un cuerpo deformado, hinchado, y con la piel del rostro quemada por los efectos del ácido que él mismo vertió), el acusado mantuvo la mirada en el rostro de aquel cadáver, e incluso giró la cabeza para poder tener una buena perspectiva de la imagen.

El acusado, que cuando fue detenido en Orihuela ocho meses después de los hechos confesó el asesinato, utilizó su derecho a decir la última palabra del juicio para afirmar que "esto no hubiese pasado nunca si no tuviera un problema con las drogas y el alcohol", y para pedir perdón a los familiares y conocidos del difunto.

Preguntas en el aire

Tras concluir la sesión, probablemente debido a la falta de conocimiento de Derecho y del exceso de curiosidad de quien suscribe estas líneas, una serie de dudas, a mi juicio no resueltas durante la vista, rondaban mi cabeza. ¿Por qué no se llamó a declarar al hermano del acusado, que según la declaración del propio José Carlos, aunque “no viese nada”, coincidió en la finca con el asesino y el cadáver? ¿Cómo sucedió la muerte? ¿Fueron un par de golpes y una asfixia con un guante como declara el acusado, o fue un maltrato intenso y prolongado, concluido con una luxación de cuello que rompió dos vértebras, como apuntaba el denso, elaborado y técnico informe de los peritos del Estado? Si el magistrado decide aplicar la máxima pena propuesta por la Fiscalía, y el acusado se acoge a todos los beneficios penitenciarios posibles, ¿qué pasará cuando José Carlos M.A. salga de la cárcel dentro de seis años?

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