
Nuestro sistema educativo nacional dictamina que, cuando dos alumnos de un mismo centro se pelean, son los profesores los que deben de arbitrar el conflicto, y establecer sanciones si fuera necesario, llegando hasta la expulsión del escolar del centro. Normalmente, esta intervención del profesorado suele estar mal vista por los alumnos, pues se califica de chivato al que los llama, y castigos como la expulsión son mal entendidos por los estudiantes más conflictivos como unas inmerecidas vacaciones.
Hace unos años, a un grupo de juristas murcianos (concretamente, al presidente del Tribunal Superior de Justicia –TSJRM–, Juan Martínez Moya; al magistrado del TSJRM de lo Social, Joaquín Ángel de Domingo; y al secretario de gobierno del TSJRM, Javier L. Parra) se les ocurrió adaptar el modelo de jueces de paz de los pueblos a los centros escolares. Así nació la figura del juez de paz educativo. Un grupo de alumnos, previamente instruidos por verdaderos jueces, tratarían de mediar en los conflictos de baja intensidad entre estudiantes, a través del diálogo y la tolerancia. Los castigos, en vez de expulsiones, serían sustituidos por reparaciones del daño.
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Tras el visto bueno de la Consejería de Educación, y gracias a su colaboración, se empezó a insertar el proyecto piloto como tercera fase del programa ‘Educando en Justicia’. El éxito fue abrumador. En pocos años, otras comunidades autónomas han copiado el programa, que ha recibido el premio nacional a la Calidad de la Justicia 2011 del Consejo General del Poder Judicial.
Ayer martes, el Museo Arqueológico de Murcia recogió la gala anual de ‘Educando en Justicia’, que estuvo presidida por Constantino Sotoca, consejero de Educación, y por Juan Martínez Moya, presidente del TSJRM. Durante su sexto año, este programa ha acogido a 3.000 alumnos de más de un centenar de colegios e institutos (un 50% más que en el curso anterior), y 250 jueces de paz educativos han resuelto disputas. Algunos de estos juristas adolescentes son Adrián R., Lucía L., María M. y Cecilia M., alumnos del IES José Clares de Espinardo, de entre 15 y 16 años de edad. Todos ellos valoran de forma muy positiva la experiencia, están encantados de poder ayudar a sus compañeros y alguno de ellos llega a opinar que es la mejor actividad extraescolar que realizan.
Al comienzo del acto, Martínez Moya destacó lo consolidado que estaba el proyecto y agradeció la colaboración desinteresada de juristas. Por su parte, Sotoca declaró que el programa persigue un doble objetivo: acercar la Administración de Justicia a nuestros alumnos, y reforzar la educación en valores mejorando la convivencia en las aulas. El consejero fue interrogado por los periodistas sobre el hecho de que los centros educativos de la Región, a día de hoy, solo hayan recibido un 20% del presupuesto anual; también sobre la supresión de líneas de transporte escolar. Respecto a la primera situación, aseguró que los centros recibirán en breve otro 20%, y achacó el problema a las “tensiones de tesorería en la Comunidad Autónoma”. En cuanto al transporte, aseguró que más que suprimir líneas las van a refundir, y declaró que parte de esta polémica viene dada por el intento de “hacer política” de algunas federaciones de padres. “Cuando la política se apodera de la educación, mal servicio vamos a prestar a los ciudadanos”, sentenció.
Tanto Sotoca como Martínez Moya coincidieron en sus discursos en atribuir gran parte del mérito del buen funcionamiento de ‘Educando en Justicia’ a Joaquín Ángel de Domingo, magistrado coordinador del proyecto, el cual fue obsequiado con un juego de escritorio y con una gran ovación procedente de juristas, políticos, profesores y alumnos, entre las que se oía alguna voz infantil gritando ¡te lo mereces!, a lo que el magistrado respondió “de verdad que llena, como persona, teneros aquí”.
“Educar es una obligación de profesores, familia e instituciones”

Joaquín Ángel de Domingo es magistrado de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia, columnista habitual, tertuliano radiofónico ocasional y coordinador del proyecto ‘Educando en Justicia’. Compagina las deliberaciones y ponencias de sentencias con visitas guiadas por el Palacio de Justicia a grupos de escolares y viajes a centros educativos de toda la Región. Con su peculiar estilo y su sonrisa perpetua, un discurso claro y sincero y su media melena plateada, ofrece una visión de la justicia a los alumnos que no solo ayudará a resolver muchas dudas y a desmitificar la errónea imagen de qué es un juez, sino que se convertirá, a buen seguro, en un recuerdo imborrable en la retina de todos los infantes que han tenido la suerte de cruzarse en su camino.
ElPajarito: A grandes rasgos, ¿en qué consiste ‘Educando en Justicia?
De Domingo: Es un ambicioso programa en el que vamos por todos los colegios e institutos de la Región de Murcia con el fin de acercar la justicia a los niños. En una primera fase, les explicamos qué es un juicio, y ellos lo recrean. Luego proyectamos un vídeo y contestamos a las preguntas que más les preocupan. Tocamos, sobre todo, los temas de no a la violencia y sí al diálogo; no a la droga; no a la pena de muerte… intercambiamos opiniones y hablamos de todas esas cuestiones que preocupan a los jóvenes de nuestro tiempo, dependiendo de su edad.
En una segunda fase vienen a visitar el Palacio de Justicia, desde los calabozos hasta un juicio de verdad. La tercera etapa de este programa es el juez de paz educativo, en donde un grupo de alumnos, elegidos por los profesores entre los más carismáticos, solucionan los conflictos que surgen entre ellos. Es una conciliación entre alumnos. Se basa en favorecer el diálogo y evitar que tenga que entrar en juego un expediente disciplinario y el director se vea obligado a expulsar a alguien.
E.P: Tengo entendido que la tercera parte de este programa, el juez de paz educativo, fue una iniciativa pionera del TSJ de la Región.
D.D: Así es. Fue una idea del presidente, Juan Martínez Moya, y del secretario del gobierno, Javier L. Parra, El año pasado fue premiada a nivel nacional por el Consejo General del Poder Judicial con el galardón a la Transparencia e Innovación de la Justicia. Es un orgullo para nosotros que haya sido exportado a otras comunidades autónomas y que tenga un gran éxito entre todos los colegios e institutos de la Región de Murcia.
E.P: Me han informado que cada año crece exponencialmente el número de centros que quieren incorporarse al programa.
D.D: Para juez de paz educativo no tenemos límite de cupo. Todos los centros educativos lo pueden solicitar y se les concede. Nosotros tenemos unas reuniones con los profesores y los alumnos, con la finalidad de orientarlos un poquito.
E.P: ¿Por qué este proyecto?
D.D: La educación es el futuro de España, de nuestros escolares. Esto es una obligación no solo de los profesores, sino también de las familias y de todas las instituciones. La justicia está colaborando en la educación de nuestros jóvenes.
E.P: ¿El programa funciona bien entre los alumnos?
D.D: Es muy curioso. Nosotros pensamos que nuestros hijos, nuestros alumnos, en esa edad tan difícil que son los catorce o quince años, no se enteran de nada. Pues no: se enteran absolutamente de todo. Les preocupa lo mismo que nos preocupa a los adultos, y tienen una serie de preguntas y reflexiones iguales a las que nos hacemos la gente ya mayor. Ellos terminan acercándose mucho al juez. Hay algunos centros donde muchos alumnos tienen un alto porcentaje de familiares en la cárcel, para los cuales un juez o un policía es casi un enemigo suyo. Si cuando acaba esa charla, ven que el juez es una persona normal, que está al servicio de la ciudadanía y no es enemigo suyo, creerán más en la justicia.



