
Joseph Ratzinger, el papa Benedicto XVI, a punto de cumplir 86 años, sorprendió ayer a todos en el Vaticano con el anuncio de su renuncia el próximo 28 de febrero, realizado durante el Consistorio Ordinario Público para aprobar las tres causas de canonización que se realizará el domingo 12 de mayo de 2013.
Así, el Pontífice leyó su declaración en latín al finalizar el Consistorio Ordinario Público en la que indica que ha "examinado ante Dios reiteradamente" su conciencia y ha llegado a la certeza de que, "por la edad avanzada" ya no tiene fuerzas para "ejercer adecuadamente el ministerio petrino".
El Papa asegura ser "muy consciente de la seriedad de este acto" que ejecuta "con plena libertad". Por ello, destaca que renuncia al ministerio de obispo de Roma, sucesor de San Pedro, que le fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20 horas, la sede de San Pedro quedará vacante.
En esta línea, Benedicto XVI destaca que es "muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando".
En este sentido, agrega que "sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu". El Pontífice indica que tal vigor "en los últimos meses, ha disminuido" de tal forma que reconoce su "incapacidad para ejercer bien el ministerio que le fue encomendado".
Al finalizar su declaración en latín, el Pontífice ha dado "gracias de corazón por todo el amor y el trabajo" con el cual han llevado junto a él el peso de su ministerio y ha pedido "perdón" por todos sus defectos. También ha avanzado que en el futuro, "quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria".
Según los cánones
Poco después, en una rueda de prensa convocada en el Vaticano, el portavoz de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, aseguró que la decisión de Benedicto XVI de renunciar al ministerio les ha acogido por sorpresa dado que, además, ayer era un día festivo.
Lombardi explicó que el Pontífice se acoge de este modo al artículo 332, párrafo 2, del Código de Derecho Canónico que establece que "si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie".
Además, el portavoz del Vaticano señaló que esta decisión del Pontífice es "coherente" con la declaración que ya hizo Benedicto XVI en el libro entrevista La luz del Mundo en 2010: "Cuando el peligro es grande no se puede escapar, no es el momento para renunciar. Se puede renunciar en un periodo de tranquilidad", aseguraba el Papa.
En todo caso, Lombardi dijo que no hay ninguna enfermedad en curso del Pontífice que haya influido en una decisión que, según destacó, ha adoptado con "lucidez". También resaltó que Benedicto XVI ha elegido anunciarlo "cuando estaba el colegio cardenalicio reunido".
Por otro lado, aseguró que el Pontífice no ha tomado esta decisión porque se encuentre deprimido. "Absolutamente no", destacó Lombardi, que aseguró que no ha visto "signos de depresión ni de desmotivación". "Le han tocado eventos que pueden golpear, pero esto no es lo que lo ha llevado a decidir", aseguró.
Lombardi señaló también que esta decisión es "una noticia muy importante para la Iglesia" y que el Papa leyó su decisión con "voz clara y sin interrupciones". Lombardi también explicó que Benedicto XVI se trasladará primero a Castengandolfo cuando comience la sede vacante y luego vivirá en un antiguo monasterio de clausura dentro del Vaticano.
La periodista que sabe latín
La decisión de Benedicto XVI de renunciar al papado fue una primicia mundial divulgada por una veterana periodista de la agencia italiana de noticias Ansa, Giovanna Chirri, que habla latín.
"Nuestra vaticanista Giovanni Chirri estaba escuchando el discurso del Papa en latín. De repente dejó de hablar sobre el Consistorio y la periodista entendió que confesaba que estaba cansado, que había mucha presión", contó a la AFP el director de la agencia, Luigi Contu.
La vaticanista inmediatamente llamó al portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, para confirmar lo que había escuchado, pero no lo encontró. Mientras debatía con los jefes de redacción si era el caso de confiarse en sus conocimientos de latín, materia obligatoria en las escuelas italianas, Lombardi la llamó para confirmarle la histórica primicia.
"Es un desquite, un ejemplo para los jóvenes periodistas que se deben formar mejor", comentó Contu.
Felicitada por colegas de todo el mundo a través de las redes sociales, Chirri brilla por modesta: "El latín de Benedicto XVI era fácil de entender", escribió en un tuit.
El latín es el idioma oficial del Vaticano y la Iglesia católica lo usa como lengua litúrgica oficial, aunque desde el Concilio Vaticano II se permite el uso de las lenguas vernáculas.
El proceso de sucesión
La renuncia de Benedicto XVI abre una nueva etapa en la Iglesia católica y da comienzo a un complejo proceso de elección de su sucesor, en el que varios nombres de cardenales se perfilan con más posibilidades de ser elegidos, entre ellos algunos latinoamericanos.
Uno de los nombres más citados es el de Marc Ouellet, presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, de 69 años, junto con dos italianos, Angelo Scola y Gianfranco Ravasi; los brasileños Joao Braz de Aviz y Odilio Pedro Scherer; y el argentino Leonardo Sandri, entre otros.
Las palabras de Benedicto XVI en su renuncia, en la que afirma que abandona por su “avanzada edad” y porque “ya no tiene fuerzas” para ejercer su ministerio petrino, han desatado las conjeturas sobre si el próximo Pontífice debe ser joven o anciano.
Por “joven” hay que tener en cuenta una persona que, como poco, tiene 52 años, como es el caso del cardenal Baselios Cleemis Thottunkal, arzobispo de Trivandrum de la iglesia Siro Malankarese, nombrado en noviembre del pasado año. Se considera “anciano” a partir de los 70 años en adelante.
Los observadores vaticanos que se decantan por un papa joven, justifican su preferencia en que el sucesor de Ratzinger debe tener las fuerzas necesarias para afrontar el desafío de un mundo cada vez más secularizado y reformar una Iglesia, demasiado conservadora –dicen– tras los pontificados de Wojtyla y Ratzinger, para dar respuesta al futuro.
En este contexto, apuntan que el próximo papa tendrá que dar respuesta a temas que no pueden seguir aplazados, como son el celibato, el sacerdocio de la mujer y la comunión a los divorciados, entre otros.
Otros expertos se inclinan por un “papado” de un decenio, es decir, corto, como el actual, pero con un Pontífice que apueste por una Iglesia centralista, fuerte, que siga la línea de Ratzinger.
También se analiza si el futuro Papa debe ser latinoamericano o del tercer mundo o de nuevo un italiano tras los pontificados de un polaco (Juan Pablo II) y un alemán (Benedicto XVI).
Los defensores de un italiano de nuevo en el Solio Pontificio están convencidos de que éstos disponen de la diplomacia, el tacto y el diálogo necesarios para guiar a la Iglesia tras las crisis desatadas por los escándalos de abusos sexuales a menores cometidos por clérigos y el caso del robo y filtración de documentos del Pontífice.
Con estas premisas, los “papables” que más suenan son Ouellet, que es también prefecto de la Congregación para el Clero, que habla perfectamente español, inglés, francés e italiano, y del que se resalta que es el mejor conocedor de la Iglesia en América, donde vive más de la mitad de los 1.200 millones de católicos del mundo.
Otros nombres que suenan son el italiano Angelo Scola, cardenal arzobispo de Milán (Italia), de 71 años, cercano al movimiento Comunión y Liberación, y el también italiano Gianfranco Ravasi, de 70 años, “ministro de Cultura” del Vaticano.
También entran en las “quinielas” el austríaco Cristoph Schoenborne, de 67, que fue alumno de Benedicto XVI y el que más le defendió cuando arreciaron las críticas al Pontífice por los casos de curas pederastas, y el cardenal de Manila, Luis Tagle, de 55 años.
El cardenal africano de Ghana, Peter Turkson, encargado del “ministerio” vaticano para la Justicia y Paz, de 64 años, y el de Nueva York (EEUU), Timothy Dolan, de 62 años, son nombres que también se barajan ya.
Respecto a si ha llegado el momento de un papa latinoamericano, los observadores vaticanos consideran papables a los brasileños Joao Braz de Aviz, de 65 años, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y Odilio Pedro Scherer, de 63, arzobispo de Sao Paulo. También suena el nombre del argentino Leonardo Sandri, de 69, prefecto para las Iglesias Orientales.
Ahora, todas las miradas están puestas en el Colegio Cardenalicio, el llamado “club más selecto del mundo”, al que actualmente pertenecen 209 purpurados, de los que 118 tiene menos de 80 años, por lo que pueden elegir papa, según la normativa de la Iglesia. Los octogenarios –91– no podrán entrar en la Capilla Sixtina para elegir al futuro Pontífice, pero sí pueden ser elegidos.
De ese “selecto club”, Europa sigue teniendo el mayor número de representantes: 116, de los que 62 son electores y 54 octogenarios. Le sigue América Latina, con 30, de ellos 19 electores y 11 octogenarios; América del Norte, con 22 cardenales, de ellos 14 electores y 8 octogenarios; y Asia con 20, once menores de 80 años y 9 que superan esa edad. África tiene 18 cardenales, 11 electores y 7 octogenarios, y Oceanía cuatro cardenales, uno elector y tres octogenarios.
Por países, Italia sigue estando a la cabeza con 49 cardenales (28 electores y 21 octogenarios), seguida de Estados Unidos con 19 (11 electores y 8 octogenarios) y España con diez (cinco electores y cinco octogenarios).
Los cardenales, como siempre, rechazan con humildad el que sean las personas adecuadas para ocupar el Sillón de San Pedro y ninguno hace “campaña electoral”, ya que una norma no escrita aconseja a los purpurados no expresar sus aspiraciones.
Y es que ninguno quiere que se cumpla en ellos el dicho: “Quien entra en un cónclave con fama de Papa sale cardenal”.