
En sus años de estudio, Humberto Ríos Labrada iba encaminado a ser un científico de la Cuba que basaba su economía en la estrecha relación que mantenía con la Unión Soviética. En el campo, la mecanización y el monocultivo heredados de las colonias estaban en su máximo esplendor. La caña de azúcar era casi una bandera. Pero al caer el muro de Berlín, como fichas de dominó fueron derrumbándose cientos de paradigmas que la revolución cubana tenía asumidos. Humberto vio morir el campo porque la gasolina ya no era costeable.
{jathumbnail off}
Como dice parte de la descripción de Humberto Ríos en la página web del Premio Goldman para el medio ambiente: “Al visitar granjas que no habían adoptado el modelo de monocultivo de la caña de azúcar, Ríos observó cómo los campesinos se valían de técnicas preindustriales, rotando cultivos y experimentando con la diversidad de semillas. (...) Observó que el método aplicado se basaba en prácticas sostenibles y ecológicas. Reconoció (...) posibles soluciones a la crisis agrícola y alimenticia de Cuba, y asumió el compromiso de extender la agricultura sostenible (...)”.
Ante una situación de crisis aguda, Humberto salió de los laboratorios y dejó atrás las técnicas industriales que requerían costes inalcanzables. Se puso a trabajar codo con codo con los agricultores y consiguió abrir los bancos de semillas para que todos tuvieran acceso a la diversidad. “Cuando pones a un agricultor frente a la diversidad genética, es como si llevaras a un crío a una juguetería. Le brillan los ojos y empieza a tartamudear. Es tan atractivo porque esa diversidad puede convertirse en una manera de vivir más decorosa. Y el secreto está en facilitar el acceso a las semillas, que no se queden en las instituciones. La gente enloquece. En México algunos agricultores lloraban. Trajimos unas 150 variedades de maíz y la gente empezaba a recordar que este u otro maíz lo había sembrado su abuelo y ellos lo habían perdido”.
Una vez que Humberto y muchos agricultores cubanos descubrieron que lejos de necesitar agroquímicos y carburantes estaban produciendo más y mejor, desarrollaron los mercados de semillas donde acudían cientos de agricultores para compartir sus creaciones y obtener las de sus colegas. A partir de entonces, no hubo marcha atrás. La experiencia de Humberto Ríos le ha llevado a reconocimientos extraordinarios y dentro de pocos meses estará trabajando con agricultores bolivianos para encender la chispa de la diversidad en el país sudamericano.
Por su impacto en el mundo del desarrollo sostenible, Humberto Ríos ha incorporado a su trabajo la labor de divulgar la experiencia acumulada. A través de sus charlas, donde da a conocer a su querido Chencho, o de la música, que conquista con su ritmo y el mensaje ecológico y esperanzador de sus letras, este cubano es una especie de trovador de vivencias que hacen realistas las alternativas a un modelo agrícola en declive.
P: ¿Quién es Chencho?
R: Es un personaje que hemos creado para explicar nuestra historia a diferentes públicos que no han vivido el proceso. Yo soy parte de Chencho, pero los agricultores también son parte de Chencho. Nos hemos dado cuenta de que si lo explicamos de manera científica solo lo entienden los científicos. Y hacer ciencia para científicos es un poco absurdo. La ciencia es para la gente. Cuando hacemos nuestras presentaciones ponemos personajes y les damos vida.
P: ¿Qué siente un científico al convertirse en campesino?
R: Es aterrizar. Es aprender mucho más y convertirte en un profesional mucho más integral. Llega un punto que dices: "yo tengo que tener mi experiencia", porque si no, no tiene sentido. Muchos científicos honestos que no han tocado el campo, cuando van se preguntan: "¿qué le puedo enseñar yo a esta gente, si me he criado en una caja de cristal?" Yo me fui de la ciudad al campo porque era increíble coordinar un proyecto sin tener experiencia en la tierra. En Cuba decimos que para saber cómo ronca Cheo, hay que dormir con Cheo.
El asunto es que la universidad es muy disciplinar. Nos enseñan a dictar órdenes o recetas, a ser los dueños de la solución a los problemas que tiene la gente. Y no aprendemos a coinnovar, que es simplemente formar parte de un equipo donde el conocimiento campesino tiene tanto valor como el conocimiento científico. No entendemos que los dueños de los problemas son los campesinos y que el rol del científico es catalizar para que ellos mismos encuentren una solución sostenible. Tienes que tener la capacidad intelectual con diferentes disciplinas para construir el conocimiento. Los últimos 10-15 años de mi vida he invertido mucho tiempo en este tipo de acción donde todos hemos aprendido cómo podemos mejorar las cosas.
P: ¿Qué siente un campesino al convertirse en científico?
R: Primero se empoderan. Revalorizan todas sus prácticas, que tienen mucho valor pero como los modelos convencionales los han aplastado se han creído que son brutos, que no sirven para nada. Nosotros hemos trabajado con viejitos que te dicen "qué lástima que sea ya tan viejito que ya no pueda disfrutar más años de todo esto". Y te das cuenta de que ellos solo estaban pidiendo un reconocimiento. No ya el dinero, sino simplemente que sientan que lo que han hecho toda su vida tiene un valor. Se sienten orgullosos. Hemos tenido casos que vienen agricultores que empiezan a guardarse las semillas a escondidas, a metérselas en los bolsillos. Y les dices que cojan, que son suyas. La deformación ha sido tal que los agricultores piensan que solo pueden acceder a ellas robando. Pero ellos son los creadores. Ningún científico ha creado un gen. Los genes los han creado los campesinos con la domesticación continua, la prueba y error a lo largo de diez mil años. Por eso es importante, por eso se vuelven locos de contentos, porque son los creadores.
P: ¿Dónde queda el mercado en este modelo?
R: Yo no conozco un productor que no esté interesado en el mercado. Si trabajas en la agricultura, el factor mercado es importantísimo. Cuando comenzó la agricultura orgánica, empezaron con las certificaciones y de repente hay compañías que tienen la certificación orgánica y se han hecho con un monopolio. Controlan muchas áreas, mucha gente, y se han convertido en un elemento de poder importante. Así que con muy buenas intenciones puedes construir el camino al infierno. Entramos entonces en la cuestión de la escala. Cuando ofreces este tipo de metodología debes saber a qué escala quieres llegar. Es muy importante desarrollar estos tipos de mercados y la escala la tiene que descubrir la gente y los productores, porque un negocio en Nueva York no es lo mismo que uno aquí. Entonces no puedes violar los contextos y adaptarte a ellos y su generación de beneficios. Lo importante es enfocar el mercado a la diversidad y explotar la innovación, y no será lo mismo en Pekín que en le resto de China, que en Bulgaria o Murcia.
P: ¿Cómo podemos dejar de depender del combustible?
R: El combustible y el transporte son relaciones de poder, y todo eso va a ir disminuyendo en la medida que la energía se vaya encareciendo. Te puedes dar el lujo de ir con una mercancía de Malasia a Inglaterra porque alguien está pagando ese costo energético, pero cuando ya no salga rentable, esos precios se dispararán si no existe subsidio. La gente cambia no porque quiere, sino porque no tienen otra opción. Cuba pasó de ser el el mayor consumidor de agroquímicos por hectárea de Latinoamérica a gran experimento de agricultura orgánica no porque quiso ni por inteligente o revolucionario ni socialista, eso son cuentos, sino porque no había combustible. No cuando el agua estaba hasta el cuello, sino cuando ya se estaban ahogando. El cambio está muy asociado con la urgencia.
Lea la primera parte de la entrevista con Humberto Ríos:
Humberto Ríos: "Me apena que tanta tierra fértil aquí haya sido urbanizada"
@jesusmesacb



