Justo es que gobernantes importantes, otra cosa es que resulten buenos, pasen a la posteridad mediante su inclusión en el catálogo popular de chistes, chascarrillos, dimes y diretes, cuando no insultos y descalificaciones graves, incluyendo a la madre y familia más cercana. Aunque esto último no nos parece bien, no se ha demostrado todavía que una madre de un dirigente le diga, hijo mío, qué tonto eres o qué mal estás dejando a la familia, con esas decisiones y ministros que has puesto. Ya ni puedo ir por el pueblo. Me miran con el rabillo del ojo y se ponen a mirar el móvil para no saludarme. Hijo, la educación que te hemos dado ¿es para que pases a la historia, incluida yo, como un patán desvergonzado? les suelta la madre. Las madres, ya se sabe, lo perdonan todo y lo llevan en silencio. Si hay que dejar de ir al pueblo, pues no se va, pero un hijo y más presidente de gobierno, nacional, autonómico o de asociación de vecinos, es un hijo. Pero claro, los que no somos familia y además nos llevamos las tortas de las medidas tenemos todo el derecho del mundo a oponernos, cerrarnos en banda y no dejarles pasar. Y es que con mayoría absoluta bien se guisa. Si tienen el 80% de la posesión y nosotros sólo el 20%, dime qué podemos hacer excepto cabrearnos, oponernos, cerrarnos en banda y no dejarte pasar. Incluso teniendo menos, basta con el 51% para que ese gobierno se autonombre fuerte y dispare contra todo bicho viviente. Esto es lo que nos está pasando. Nos llevan fritos desde el 2010, por lo tanto pongamos también a Zapatero a hablar con su madre; en 2012 nos llevan con la lengua fuera y en un sinvivir semana tras semana, parece incluso que andan más chuletas después de perder Andalucía. Es decir, tienen la posesión del balón todo el rato, si les quitamos el balón rápidamente vienen dos o tres a quitárnoslo, nos aburren con intentos de entrada al área uno tras otro y encima se quejan de que estamos encerrados en el área. ¡Si no nos dejan tener el balón! Ahora, que se anden con cuidado, que en una de estas, cuando más encerrados nos tengan, va salir uno de nosotros en plan palomero Iturriaga, o si prefieren niño Torres, y les vamos a dejar con el culo al aire. We are the champions. Estas letras están juntadas después de que Rajoy emulara a Guardiola y por lo tanto no pueden ser aplicadas a la debacle merengue, a la que se aplica el síndrome de Mourinho, ya explicado en una columna anterior.
Rajoy o el síndrome de Guardiola
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