Mucho debió aprender Juan Bernal de los vendedores ambulantes durante su etapa en el INFO –lo tuvo muy facil porque el mercado de los jueves le pillaba justo al bajar la escalera–; solo hay que escuchar el tono que utiliza para vender humo cada vez que anuncia algo bueno, extraordinario, fundamental, decisivo, maravilloso… para la región.
Por el contrario, cuando lo que tocan son malas noticias, cuando los informes y predicciones económicas le son adversas, para él siempre "se equivocan” o, en caso de que surja cualquier otra contrariedad y le pase cerca de su órbita, él agacha la cabeza sin reconocer error alguno. Pero, eso sí, sin despeinarse.
Durante toda esta semana, Bernal está jugando un match propio de un trilero político con el dato del déficit, a modo de bolita de papel en uno de los cubiletes. Ahora resulta que “parece ser que el dato no va a ser bueno”, que “nuestro programa informático es distinto y por eso todavía no tenemos los números”, y vaya usted a saber qué más fantasías de ayer y hoy antes de rendirse a la verdad que todos sufrimos día a día, aunque el dream team que le rodea trabaje en el maquillaje.
A todo esto, el panochari Valcárcel, cada vez más en Europa (luna que circunda la órbita de Jupiter), despacha frases al respecto como "medalla de campeón de control del déficit", o "como es natural, tendrá que plantear nuevas medidas", u otra que no tiene desperdicio: "no estoy dispuesto a poner en riesgo el estado del bienestar de mi Región", que parece ser el gancho de esta función.
Si nada ni nadie lo remedia, horas antes de que el asteroide 2012DA14 pase rozando el planeta, a los ciudadanos más débiles de esta región les va a caer un predusco bastante más gordo: por fin nos dará a conocer el dato del déficit acumulado durante 2012, que mucho me temo tendremos que seguir pagando mientras él, nuestro gurú económico, mete la cabeza en un agujero en la tierra para que el dichoso asteroide de veinte pisos de altura abandone la órbita terrestre sin despeinarlo.
Ánimo, don Juan, suéltelo ya, que a estas alturas sus intrigas suenan a cachondeo; quédese tranquilo y a continuación póngase como un loco a devolver copagos, pagar a dependientes, ingresar las ayudas de los libros y un sinfín de compromisos no cumplidos con los ciudadanos, que no paran de mirar sus cartillas de reojo porque tienen el agua al cuello.







