Uno está en la cárcel y el otro conserva la presunción, que la inocencia debió perderla en su día. Ambos pertenecían al mismo partido y ahora, aunque siguen compartiendo ideas políticas y quizá administrativas, uno tiene cargos que conllevan despachos y escolta y el otro ocupa celda vigilado por otro escolta, también interno. Salvando las distancias, ambos –el de Murcia y el de Murcia 2– se encuentran “a la espera de que vayan evolucionando los acontecimientos”, según la prosa del abogado que, mira por dónde, también comparten. El primero es caso ya juzgado y sólo pendiente de un indulto; el segundo es pan comido, según el abogado, quien, sin entrar en el fondo del tomate, considera que el asunto ya ha prescrito. Ya lo dijo el otro día Antonio Sánchez Carrillo a las puertas del Palacio de Justicia con su gracejo patiñero y su léxico impreciso: Cámara es impune.




