Antaño, los universitarios encabezaban las huelgas, estaban al pie del cañón, en primera línea, dispuestos a todo por defender sus ideales. Gracias a la lucha de estos jóvenes, hoy padres y abuelos, gozamos de ciertas comodidades que, por llevar tiempo de tal manera, no sabemos apreciar. Lo cierto es que estas comodidades tuvieron un precio, y ellos estuvieron dispuestos a pagarlo, en primer lugar por ellos, y después, por nosotros.

Hoy, parte de la juventud se ha desmarcado de la huelga, no por estar en desacuerdo con ella, que en un grado de mayor o menor medida supone una cierta información (falaz en algunos casos, sesgada en otros o veraz y respetable en otros tantos), sino por pura ignorancia. Por no leer e informarse, por una total falta de interés.
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Esta mañana charlaba con varias personas que estuvieron en pasadas huelgas generales. “Qué lástima, antes la juventud estaba mucho más implicada, nos jugábamos el pellejo de verdad”, confesaba apenado un compañero ante el desfile de un grupo de quinceañeras, demasiado coquetas para ir a la huelga, que iban a la fiesta de la Facultad de Letras. Y es que un sector de la juventud no quiere saber nada de huelgas, ni de política ni de recortes sociales. Ahora, para esta gente la Universidad es sinónimo de fiestas, alcohol y discotecas, cuando históricamente ha sido un foco de resistencia y revolución, una comunidad comprometida, con sentido de clase. Hoy, muchos niños consentidos han faltado a clase con el pretexto de la huelga general y, botella en mano, han ido desfilando hacia una plaza de La Merced sin apenas ambiente festivo.
Es respetable que no compartáis la huelga por razones justificadas, pero a mí me daría vergüenza no saber ni por qué se hace huelga en el país en el que vivís, como demostró ayer noche un estudiante de 2º de ADE al preguntarme qué era el piquete, por qué protestaban y para qué servía eso. Encima, cuando intentas explicarles “de qué va esto” te increpan “no me ralles, perroflauta”. Ante esto, sólo me queda decir una cosa: el día de mañana, cuando salgáis al mercado laboral y no encontréis un trabajo digno, cuando sufráis en vuestras propias carnes la crisis mundial que nos afecta y nos afectará, te diré que debiste haber secundado la huelga, por tus derechos, por los míos, por los de todos.
Hay que reaccionar, salid del tuenti, dejad el botelleo, apagad la televisión, informaos. Nuestros actos de hoy tendrán su repercusión mañana. Si nosotros los universitarios no tomamos parte en esto, ¿quién lo hará? Somos la representación de la juventud, debemos luchar por lo que nos pertenece. Paguemos el precio, la recompensa será enorme.



