Mie19062013

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Opiniones

¿Vete pa’dónde, Pepe?

Siguiendo la línea editorial de esta columna, tocaría emplear los conceptos desarrollados anteriormente para empezar a destripar esas tecnologías que supuestamente han de relanzar el crecimiento económico pero que, fíjate por dónde, no lo consiguen. Este asunto no es baladí, pero mi actualidad informativa obliga a focalizar la atención en otro menester que, si bien no es lo mismo de siempre, no deja de tener relación.

Hoy por hoy el éxodo es patente. No es nada extraño que por una conversación cualquiera entre amigos se pasee el fantasma de la emigración, entonando esa alegre cantinela de que un futuro mejor todavía es posible y no es tan difícil, "solo" hay que marcharse. Las cifras de evolución de población (tanto activa como total) no dejan lugar a dudas de que algo gordo se cuece y que AENA, gestor estatal de aeropuertos, tenga especial predisposición para marear al personal que pregunte por el resultado de las cuentas entre pasajeros que salen y entran. Diremos que, como ejercicio de transparencia, deja bastante que desear.

Admitámoslo, el que más y el que menos fantasea con ese supuesto futuro mejor. Hasta yo lo hago y, por qué no confesarlo, en cierto modo lo he intentado. Supuestamente vivimos en un mundo hipercomunicado en el que ya sea mediante telecomunicaciones o mediante dos o tres enlaces de avión uno puede estar en casa de sus padres y en Katmandú simultáneamente, emulando a los místicos de la bilocación gracias a la tecnología y, admitámoslo, al dinero (y la energía). Y aunque suena fácil, las experiencias que uno recoge y vive demuestran que no lo es, que triunfar por ahí fuera no solo depende de lo que sepas y lo que hagas, que ser profeta en tierra ajena depende de algo más que ser de fuera.

Coincidiremos en que los núcleos urbanos suelen dividirse en barrios, agrupaciones de viviendas y locales multiuso más o menos revueltos con alguna salpicadura en forma de área verde. Todos estos elementos arquitectónicos suelen estar ocupados continua o esporádicamente por personas, ya sean propietarias o no, de modo que puesto que los elementos arquitectónicos per se son entes inanimados; son las personas que los habitan y desarrollan actividades en su seno las que otorgan vida y dinamismo a éste en función de sus gustos, pasiones e inquietudes, pero, sobre todo, en función de sus posibilidades. Así es como el presente de un barrio y de sus gentes termina por tanto configurando la cultura y estilos de vida que se desarrollan en él y por tanto su evolución.

Descrito de esta manera, parece como si un barrio fuera una comunidad natural que evolucionase en busca de un estado de máximo desarrollo o clímax, algo que en cierto modo puede ser así, si bien el barrio parece diferente. Pensando en la evolución de un barrio de clase obrera, su objetivo evolutivo quizás sería el de terminar siendo un barrio de clase media gracias a la educación que reciban los hijos de los obreros, personas que por supuesto ansían una vida mejor para si mismos y los suyos. Así, el barrio y sus gentes participarían de esa "evolución natural" vía adquisición de riqueza y renovación del personal, aspirando a diferentes horizontes futuros quién sabe si pretendiendo algún día ser un barrio rico. Pero todos sabemos que esto no ocurre así y que el desarrollo de un barrio trasciende esa evolución puramente lineal. De nuevo asemejándose a la naturaleza, si no existe renovación del personal el barrio muere igual que un ecosistema falto de recursos: al envejecer sus gentes disminuyen en actividad económica y los niños abandonan los parques y kioscos por nuevas perspectivas de una vida mejor (anda, la cantinela…). El resultado es que si no existe una reactivación del flujo vital (económico, energético, humano, todos ellos recursos del subsistema) el barrio puede empezar a envejecer al igual que sus moradores, sufriendo deterioro y abandono de infraestructuras que, en lugar de hacerlo evolucionar hacia un futuro mejor, lo terminan degradando a la categoría de mal barrio. Y de forma general, nadie desea vivir en un mal barrio salvo que no tenga más remedio.

De lo expuesto en el párrafo anterior podemos extraer la importancia que tiene un óptimo flujo de recursos dentro de un sistema en función de sus necesidades de diseño para un correcto funcionamiento. Así podemos entender como un barrio puede estancarse si no hay un óptimo flujo de recursos en él (personas, dinero, energía), al igual que una región digámosle marciana puede estancarse si no hay un óptimo flujo de recursos en ella (personas, dinero, energía), de la misma manera que una nación se estanca si no existe un deseable flujo de recursos necesarios para su función (personas, dinero, energía), lo mismo con un continente, lo mismo con un planeta. En términos científicos se definen como estructuras fractales aquellas que presentan una topología similar independientemente de la escala con la que se midan, un concepto muy útil para analizar ciertas situaciones y que además nos traslada cierta intuición de que todos los sistemas están realmente conectados.

Ahora bien, si como venimos exponiendo en esta columna la crisis nuestra que hemos parido entre todos no es tan solo económica sino que tiene mucho de crisis de recursos a nivel planetario; si entendemos que un barrio es un barrio aquí y en Pekín y que éste es tan solo un nivel de aumento elegido en la lupa con la cual observamos la estructura fractal del un sistema que funciona con unos parámetros de diseño que ya no se pueden cumplir… Con una pirámide poblacional en clara inversión para la mayoría de los países de la OCDE y un mundo emergente que ya no crece a la velocidad suficiente para dar cabida a las nuevas generaciones, sabiendo todo esto, quizás la maravillosa cantinela ya no sea tan atractiva, al menos sabremos que siempre hay barrios y barrios. Que cada uno escoja por si mismo si tiene capacidad de elección y si no, mucha suerte. Mientras tanto, querido lector, no me eches demasiado de menos durante el tiempo que esté fuera de la península visitando barrios supuestamente exóticos y superpoblados por motivos profesionales. Amenazo con volver.

La parte contratante…

Dice el consejero Sevilla que en la adjudicación a Aeromur del aeropuerto de Corvera se estipulaba la creación de otra sociedad para la construcción y explotación del mismo. Y que Aeromur es, en realidad, una marca para entendernos los medios de comunicación y otros ciudadanos mortales. En efecto: Aeromur es una marca propiedad de la primera sociedad adjudicataria, Aeropuertos de la Región de Murcia SA, disuelta voluntariamente y extinguida a finales del año pasado. La otra sociedad, denominada Sociedad Concesionaria Aeropuerto de Murcia SA, simultaneó su existencia con la anterior y, salvo algunas deserciones y varias incorporaciones, tanto la casi totalidad de su accionariado como la composición de su amplio listado de consejeros, apoderados mancomunados y miembros de la comisión ejecutiva, es el mismo que componía la anterior, ya finiquitada. Cambia, eso sí, el domicilio social de la empresa. Sin embargo, oh sorpresa, inscrita en el Registro Mercantil de Ourense aparece otra sociedad de nombre casi idéntico y con el mismo domicilio social. Se trata de la denominada Sociedad Concesionaria Aeropuertos de Murcia SA (obsérvese Aeropuertos, en plural), cuya única actividad inscrita es un anuncio de convocatoria de junta el 5 de noviembre de 2012 firmado por el presidente del consejo de administración, Patricio Valverde Megías (oh sorpresa), ex consejero del Ejecutivo de Valcárcel y actual presidente territorial de Iberdrola. Estas son apenas unas pinceladas extraidas del Registro Mercantil, que da mucho juego. Casi tanto como aquella delirante conversación de Una noche en la ópera entre Groucho y Chico sobre las cláusulas: “La parte contratante de la primera parte será considerada parte contratante de la primera parte…”

El penúltimo fiasco

La muy asentada costumbre de los gobernantes murcianos de tomar por tonta a la ciudadanía representa estos días otro cuadro esperpéntico en el que el presidente Valcárcel encabeza el elenco de actores. En pleno proceso de liquidación de la sociedad concesionaria del aeropuerto, casi seis meses después de su disolución voluntaria y declarada extinguida para la vida mercantil ordinaria (datos registrales hábilmente omitidos), el audaz Valcárcel se atreve a ponerse chulo delante de cualquier micrófono para “exigir” a Aeromur que cumpla con sus obligaciones contractuales y aun profetizar que el aeropuerto de Corvera no va a costar ni un euro de dinero público, sabiendo, como sabe, que al autorizar el aval de 200 millones para acabar la construcción de la faraónica infraestructura, la Comunidad renunció al beneficio de excusión, o sea, a que los bancos acreedores agoten las vías de exigencia al acreedor principal antes de dirigirse contra el avalista. Ordena también a sus consejeros que digan algunas vaguedades de índole administrativa cuando les pregunten por el asunto y hasta el pariente Cruz repite donde haga falta que el plan B para la apertura del aeropuerto es una rosa es una rosa es una etc… El penúltimo fiasco del visionario presidente (le quedan dos años de legislatura y está muy entrenado) puede certificar la ruina total del murciano medio contribuyente, que nunca tuvo semejante nulidad al frente de sus destinos. Ni siquiera sus votantes más cerriles se merecen tanta incuria.

El gas que nos infla

La flor y nata de la sociedad regional se dio cita ayer en Espinardo para conmemorar el 50 aniversario de la fábrica de cerveza. Para celebrar tamaña efeméride, la empresa, que ahora es tan catalana como el agua de Vichy, invitó a lo más granado del orbe murciano, y también a la oposición. Aparte del discurso lógico de los responsables de la firma, apelando a la sensatez del Gobierno para que no suba los impuestos especiales del espumoso elemento y le mantenga el IVA reducido, las tonterías que allí se pronunciaron por parte de las autoridades competentes serían dignas de una antología si esas autoridades no se hubieran encargado ya de saturar previamente dicha antología en eventos de similar y aun menor enjundia. Empezando por el presidente Valcárcel, para quien su idea de “murcianía” apenas trasciende el pastel de carne, con su correspondiente cerveza, y que ahora encarna también el festival SOS –que la empresa patrocina para, de paso, vender in situ las cañas a millón–. Y siguiendo por el alcalde Cámara, que elevó el producto gaseoso a categoría cultural y agradeció a la marca la identificación de Murcia allende nuestras fronteras. Como si fuera un anticipo del 9 de junio, esta especie de Aberri Eguna murciano es digna muestra del marco incomparable que se disfruta en esta esquina del solar patrio, puesto que el ejemplo de investigación, desarrollo e innovación se resume mayormente en una cerveza. Cuya producción, en su mayor parte, viene en camiones desde la denostada Cataluña, dicho sea de paso.

Física popular

Hoy la cosa va de frases populares de nuestra tierra y una cita célebre, que no por antiguas dejan de sorprendernos con la sabiduría que albergan. No me cabe duda alguna de que el lector coincidirá conmigo en esta apreciación.

1. "Menganito es enorme, tiene que dar hostias como panes" mientras que "Fulanito es un chichipán y no tiene media hostia". Todos contentos y con una imagen formada de los sujetos en cuestión, ¿verdad? Entremos en detalle: hostias, lo que son hostias con la mano abierta todos sabemos dar, aunque sean tan dulces como las que unos bebés se propinan peleando por el libro de tela musical, que parece que fuera en los genes, caray. Así, si eventualmente Fulanito y Menganito "jugasen" a darse de hostias (¿jugaste al abejorro alguna vez?), en principio deberíamos coincidir en que sus armas son las mismas, pues se conoce en el lugar que ambos tienen dos brazos con sus reglamentarias manos y que ninguno de los dos sabe otro arte marcial o técnica de defensa que no sea el de la tradicional "hostia de padre". Entonces, ¿por quién apostaría el lector en su portal de apuestas favorito?

Empieza el juego, que es algo especial: uno frente al otro a la reglamentaria distancia de bofetada, fácil de calcular pues los dos miden lo mismo y sus brazos tienen la misma longitud; uno frente al otro con ambos brazos relajados y dispuestos a lanzar una hostia de mano derecha a la señal del árbitro del evento; silbido del cabrero y los brazos montan vuelo con sincronía, alineándose la mano con la propia oreja para trazar un armonioso arco hasta que la palma abierta impacta en la cara del rival. Menganito le da a Fulanito a la vez que Fulanito le toca la cara a Menganito. Un estruendoso "pac" seco se transmite por el aire y… Fulanito acaba esturreado por los suelos mientras Menganito, inmutado, se acaricia una leve rojez en su mejilla izquierda. Casi todos habíamos apostado por Menganito y tocamos a cacahuetes con sal para repartir con los beneficios de la apuesta.

¿Qué pasó aquí? Unos dirán que Menganito es más fuerte que Fulanito y, aunque se acepte como cierto, otros podrán decir que la hostia de uno era mucho más potente que la del otro y tendrán mucha más razón. Wikipedia define fuerza como "todo agente capaz de modificar la cantidad de movimiento de un objeto" mientras que define potencia como "cantidad de trabajo efectuado por una unidad de tiempo". Si para este análisis decimos que trabajo es desplazar un peso, obtenemos que la potencia es la relación de la fuerza por la distancia y el tiempo. Si tenemos en cuenta que el impacto simultáneo de las bofetadas dura exactamente un segundo, se observa que el trabajo efectuado por cada bofetada es totalmente distinto en ese segundo, pues una esturrea a Fulanito que pesa 60 kilos (desplaza ese peso) mientras que la otra apenas desplaza el buen melón de Menganito, que le pesa 6 kilos (desplaza ese peso). Sin entrar en más detalles, es obvio que la potencia de una bofetada es brutalmente mayor que la otra, tanto como comparar los watios (medida de potencia) que podemos desarrollar comiendo un buen pan de campo que con un panecillo sin sal.

2. "No te trae a cuenta", que para hacer eso "te sale más cara la paja que la burra". ¿Nos hacemos una idea? Definimos una situación en la que la consecución de los objetivos no da beneficios suficientes para compensar la inversión, debido al excesivo coste agregado de uno de los recursos utilizados, propiciando que el beneficio sea tan bajo que no dé para vivir más que a la burra, o directamente que se generen pérdidas y al final hasta la burra muera de hambre. Aplicando retórica económica, diríamos que esta situación tiene un mal retorno de inversión o directamente que la actividad genera pérdidas económicas y solo puede seguir con subvenciones. Aplicando términos físicos, podemos decir que el proceso tiene un pobre retorno energético o incluso que es deficitario y solo puede continuar con un subsidio energético. Queda claro, ¿verdad? Es importante porque esta explicación nos permite introducir el concepto de Tasa de Retorno Energético (TRE), un índice que nos informa de cuánta toma realizar un proceso con respecto a la energía que genera, si es que genera alguna.

Y alguno podrá pensar, ¿qué hay de noticiable en esto? Pues mucho, porque como ya debemos tener claro esta crisis es algo más que financiera y de valores, también lo es de recursos, y en las situaciones en los que los recursos escasean, la gestión se vuelve primordial. Ha sido la cesión de responsabilidad que implica la democracia representativa la que ha propiciado la gestión centralizada, interesada y desastrosa que nos ha metido en este fregado. Que nadie dude que perpetuar esa gestión no es la solución a nada. La verdadera solución depende de que la ciudadanía tome partido y para eso hay que saber y no poco. En el futuro cercano usaremos lo trabajado hoy para comprender aún mejor el mundo que nos rodea y las noticias que se difunden. Hoy el lector se irá a la cama con una mejor idea de los que son fuerza, trabajo y potencia, características que definen físicamente cualquier proceso y que en última instancia nos permiten saber si ese proceso es rentable o no gracias a la TRE.

Mientras tanto, querido lector, no dejes de defender una educación pública y de calidad a la que doy gracias por poder escribirte hoy aquí. Un conocido mío y de alguno más lo explica muy bien cuando dice que la ley más importante con diferencia […] es la de la difusión del conocimiento entre el pueblo. No se puede idear otro fundamento seguro para conservar la libertad y la felicidad. [...] Informa a nuestros compatriotas [...] de que el impuesto que se pague con el propósito [de educar] no es más que la milésima parte de lo que se tendrá que pagar a los reyes, sacerdotes y nobles que ascenderán al poder si dejamos al pueblo en ignorancia (Thomas Jefferson).

I ♥ Lorca ¿motor o moto?

Hablaba yo amistosamente con un director general del equipo de Bernal (los denominados hombres de gris) sobre el desastre que llevan con las pagamentas a los ciudadanos. En concreto nos referíamos a caudales relacionados con el plan E que tan criticado fue por el Partido Popular pero del que, como me reconoció, “el anterior equipo económico había utilizado partidas para tapar algún que otro agujerillo”.

En un momento de la conversación, reconoció que estaba a punto de ponerse al día del dinero desviado de Lorca y que pronto empezaría con otras partidas relacionadas con el vilipendiado plan de ZP –por cierto, purita mentira, ya que seguimos igual–: “Tú no te imaginas lo que nos hemos encontrado y lo preocupado que está el jefe”.

Días después esta región volvió a sufrir un terremoto, ya que, para gestionar el desastre natural, habían nombrado como comisionada del Gobierno para la Reconstrucción y Reactivación Económica de la Zona de Lorca ni más ni menos que a Inmaculada García Martínez, anteriormente conocida como la consejera de Economía de Valcárcel (responsable de la herencia a la que se refería mi interlocutor), y también famosa por su paseo en limusina por la Quinta Avenida neoyorquina durante un viaje oficial, que según comentó había pagado ella de su bolsillo, pero lógicamente sin conservar el ticket.

La señora García es desde hace 14 meses la encargada de canalizar los fondos (esos que no terminan de llegar nunca a los afectados) para la reconstrucción de Lorca con sueldo de secretaria de Estado –unos 65.000€ anuales– y con algún que otro complemento especifico sin especificar con claridad en el BOE. Dispone de oficina en Murcia, es de suponer que con secretaria de su confianza y demás personal para su oficina, aunque sin una triste página web (las hay desde 4€ mensuales) en la que los ciudadanos puedan ver las evoluciones de su gestión cuando no se esté dando un perolo* en limusina. Digo esto sobre todo por las continuas críticas que recibe, acusada de no aparecer por la ciudad por la que ostenta tan honorable cargo y a la que en estos momentos se debe.

Yo me despierto todo los días con el informativo regional, y al escuchar a la comisionada en la radio decir durante la presentación del Plan Lorca, justo dos años después de los seísmos, que tan magnífica estrategia “va a ser el motor económico de España”, así, directamente y en vena, resolviendo el problema más complicado al que se ha enfrentado este país, tal ha sido mi estupor que me he vuelto a quedar en coma.

Una vez repuesto y poniendo toda mi atención en el siguiente boletín, porque no creía lo que oía, he comprobado que, efectivamente, eran ciertas sus palabras. Y ya café en mano, me he hecho algunas preguntas: ¿qué desayunara esta gente? ¿cómo les habrá sentado el desayuno a los afectados? ¿por qué le echo leche de soja a mi café? ¿no tenía Soraya a nadie más para el cargo? ¿por qué recolocan a políticos que gestionan mal? ¿a estas clases nunca les afecta la crisis ni el paro? ¿será este realmente el motor que comenta la comisionada el revulsivo que Rajoy busca y no encuentra? ¿nos quiere vender una moto? ¿es justo que el sorteo de Lotería a beneficio de la ciudad tocara en Fortuna? ¿no podían haber trucado el bombo y asunto resuelto, además con grandes elogios para la Virgen de las Huertas a lo Fátima Báñez?

* Perolo: darse una vuelta, paseo, o garbeo en argot quinqui.

No tenemos miedo, estamos indignados

Señora ministra de Fomento, ha perdido usted completamente toda noción de la realidad, de lo que está sucediendo día a día en este país. ¿Sabe usted lo que es vivir cobrando 900 euros al mes (con suerte), teniendo que pagar un alquiler mensual de 400 a 500 euros? Evidentemente, no. Si así fuera, si fuera usted mínimamente consciente de la desesperante situación por la que pasan millones de jóvenes en este país para llegar a fin de mes, no eliminaría usted tan alegremente la Renta Básica de Emancipación.

Irónicamente, esta medida se enmarca en la Ley de Medidas de Flexibilización y Fomento del Mercado del Alquiler de Viviendas. “Fomento del alquiler de viviendas”, ¿en serio? Y le voy a hacer otra pregunta: ¿acaso se han parado ustedes a pensar en la cantidad de jóvenes que tendrán que dejar sus pisos de alquiler y volver a casa de sus padres? Esa ayuda, que ustedes van a retirar definitivamente, ha permitido a miles de jóvenes independizarse y mantener una calidad de vida digna. Y no me refiero a poder vivir de lujo y permitirse caprichos. No. Me estoy refiriendo a poder pagar los recibos de agua, luz, gas y poder hacer la compra semanal con un mínimo de tranquilidad.

Además, justifican ustedes la retirada de esta ayuda para jóvenes argumentando que esa partida presupuestaria, ya aprobada, se va reestructurar y transformar en ayuda para ciudadanos que han sido desahuciados.

Permítame decirle, desde mi humilde opinión, que este argumento me parece una mala estrategia para escurrir el bulto, una vez más, y evitar esa reforma de la ley hipotecaria que es cada vez más urgente.

Y es que ya no nos fiamos en absoluto de ustedes. Un país que no apuesta por sus jóvenes, cuyos dirigentes aprovechan la más mínima ocasión para vanagloriarse de la creciente fuga de cerebros… “es un orgullo para España que nuestros jóvenes se vayan al extranjero”, dicen ustedes. Un país así es un país a la deriva.

Un país (laico, les recuerdo) que recorta 600 millones de euros en ciencia y ni un céntimo a la Iglesia. Institución que, por cierto, solo sale a la calle para protestar contra derechos que ha costado muchísimo tiempo conseguir, como el matrimonio homosexual. Pero lo cierto es que no he visto todavía a ningún representante eclesiástico pedir al Gobierno que tome medidas contra los desahucios o el desempleo juvenil. Y no, rezar no es suficiente.

Pero este es otro tema.

En definitiva, los jóvenes (y no tan jóvenes) de este país estamos hartos de que se nos ignore por completo. Y estamos hartos de su política del miedo. Del “o esto o el caos”. O nosotros o el final. Nos hundimos. El abismo.

Pero no han contado ustedes con algo. Que somos una generación muy preparada. Y que su política del miedo no nos asusta, porque no es algo desconocido. Lo hemos visto otras veces. En la literatura, por ejemplo. Lo hemos visto en 1984, de George Orwell. Lo hemos visto en el “mundo feliz” de Huxley.

Así que téngalo claro: no tenemos miedo, estamos indignados. Y no dejaremos de luchar.

No sin mi misa

Para mí, igual que para muchos otros, los años, aun empezando el 1 de enero, realmente se organizan de septiembre a julio, como si aún fuera a la escuela. Es así como el cisma vacacional segmenta el desarrollo de la vida de todo hijo de vecino y por supuesto los apóstoles no son excepción. Porque hoy, querido lector, vamos a blasfemar mentando a los beatos de la postmodernidad, canonizados por la cultura de masas en el sentido que Marx predicaba cuando en sermón dominical afirmó aquello de que "la religión es el opio del pueblo". ¿Y cuál es nuestro opio? ¿Puede caber acaso duda alguna de cuál es el opio preferido en Iberia, en Europa y quizás en el mundo mundial? Hoy emplearemos el fútbol, soccer por aquello de que internet es universal, para dar rienda suelta a nuestras ideas.

Entre la semana pasada y la anterior se terminó el sueño europeo del bipartidismo deportivo nacional. Este año no habrá "Cristo" ni "Mesías" que pisoteen el prado para ligarse a la orejona, salvo en el mundo virtual, muy a pesar de que a más de uno le preocupara y motivaran más las abortadas remontadas que los datos del INE o la creciente deuda externa nacional. El caso es que, muy en la línea de los acontecimientos que nos rodean, este año el calendario futbolístico se ha presentado repleto de retos tan difíciles como el calendario de emisiones de deuda pública del Estado, con el resultado que todos sabemos de descalabro nacional. Como decíamos, la religión no se salva del cisma vacacional, que vaya suplicio eso de pegarle patadas a una pelota con calor como cualquier otra cosa, pues las máquinas humanas estamos diseñadas para trabajar en unas condiciones óptimas fuera de las cuales el rendimiento decae y el desgaste se dispara. Pero aun así, a estas alturas de la temporada ambos exponentes del bipartidismo nacional llevan jugados cientos de entrenamientos, varios partidos amistosos, partidos de copa, de liga y champions, acumulando ambos sesenta encuentros disputados antes de la última vez que se vieron las caras con los amigos de Sajonia. 

¡Sesenta partidos disputados! ¡Y tan solo a finales de abril! Las teorías de la conspiración siempre riman y fantasear con que Marianico y Angélica pactasen champiñones alemanes y rescate en octubre tiene su aquel, pero me declaro escéptico y me inclino por pensar que el cansancio fuera el factor crucial. Ya tratamos la semana pasada cómo la gestión de recursos es fundamental para conseguir ciertos objetivos y, por analogía, no hay que ser demasiado avispado para comprender que ante todo encuentro, un entrenador (gestor de recursos) intentará encontrar el mejor balance entre la salvaguarda de sus recursos (jugadores) y la consecución de sus objetivos (victorias). Pero los planes no siempre salen bien, no siempre se cumple el guión esperado, pues los adversarios tienen la mala costumbre de crecerse y es entonces cuando el entrenador tiene que mediar para solucionar el entuerto e intentar obtener el mejor resultado posible. Esto, inevitablemente, conduce a un agotamiento superior (acúmulo de fatiga) de aquellos recursos (jugadores) que sean especialmente importantes (buenos, eficaces, superclases o cracks) en la consecución de los objetivos (victorias). Una plantilla titular agotada, jugadores estrella frustrados, unos rivales crecidos tras una afrenta europea y otra mundial… Difícil pintaba y el cuadro terminó mal.

De igual manera nuestra plantilla, la del equipo que todos jugamos sin saberlo pues estamos eficazmente distraídos con la religión, también está fatigada. Contamos con varios jugadores de contrastada calidad pero no exentos de lesiones y problemas –hidroeléctrica, carbón y gas–; otros que son muy jóvenes promesas de los que se espera mucho pero no se sabe todavía totalmente lo que pueden dar –solar fotovoltaica, solar térmica, undimotriz, geotérmica, maremotriz y eólica–; algunas viejas glorias que todavía aguantan pero cuya gestión arroja serias dudas –fisión nuclear, biocombustibles y biomasa–; y un jugador estrella que nos dio momentos de gloria y campeonatos que pasarán a los anales de la historia, pero que ahora está de capa caída y su rendimiento no deja de empeorar: "Petroliño" se ha lesionado y ya no marca goles como antes, el sistema mercantil mundial se resiente por ello. Cientos de barcos de carga hacen la cola del paro en el Estrecho de Malaca mientras que los pocos que tienen trabajo tiran cometas al viento para reducir su dependencia de él; el IPC está por la nubes en todo el mundo y más de uno se lo piensa antes de coger el coche para ir a comprar el pan a la panadería de la esquina. "Petroliño" ya no es lo que era y a pesar de que se intenta forzar su recuperación contratando a los médicos "fractura hidráulica" y "yacimientos de aguas profundas", parece que éstos, aparte de llevarse el dinero no consiguen nada, pues intentan luchar contra un imponderable de la vida: la edad.

Al igual que un jugador envejece y ‘transiciona’ desde el estrellato a una categoría inferior hasta que nadie lo quiera contratar y se vea forzado al retiro, aun a pesar de que pueda seguir jugando con menor intensidad, el petróleo no se acabará nunca y simplemente se reducirá su facilidad de acceso y calidad, hasta el punto de que nadie quiera o pueda permitirse vivir dependiendo de él. Igual que cuando un equipo pierde a su estrella y queda nadando en agua de borrajas hasta que encuentran a otro que sea capaz de marcar, el sistema renquea en busca de una alternativa al petróleo barato con la cual saciar la sed de goles, victorias y quién sabe si champiñones de la afición mundial. Hace cincuenta años que los científicos intentan fichar a un agente libre llamado "fusión nuclear", una estrella de verdad en todas las dimensiones de la palabra, pero creánme, muy difícilmente se le va a poder contratar y si eso ocurre no será mañana, ni pronto.

Y así es como llegamos a donde estamos y nos debemos de preguntar: ¿hipotecamos el club para intentar fichar a jugadores de calidad dudosa o intentamos reorganizarnos con la plantilla actual? Difícil decisión de la que todos formamos parte a sabiendas de que embargos y desalojos están al orden del día… Y el lector, ¿a qué quiere jugar?

El mayor miedo

Respirar, decía Albert Camus, es pactar con el Estado. Y cuando digo respirar, digo también escribir, amar, sentir, estudiar, afirmar y negar. En definitiva, digo, sin lugar a dudas, vivir. El capitalismo, nuestra realidad más inmediata, se reinventa continuamente y nos propone nuevos ídolos ante los que inmolarnos. Así, respirar es pactar con los caprichos y devaneos del mercado: esa entelequia, tanto más real cuanto ilocalizable, que todo justifica y que a todos exonera de culpas o responsabilidades. No sé si una ontología del capitalismo revelaría que el mercado no es sino el ser del ente, o el ser en tanto ente.

Uno aprende que no hay modo de esquivar la tentación de poseer cosas, personas o ideas. Uno aprende que poseer es uno de los modos de ser poseído, que tener cosas, personas o ideas, es una modalidad de enajenarse en esas cosas, personas o ideas. Pero uno olvida aquello que aprende, y aprende, también, a olvidar. Olvidamos las palabras, las caricias, los besos y los abrazos. Olvidamos los versos y las rimas. Olvidamos la mirada que una vez acogimos y domesticamos. Olvidamos el deseo. Y, en medio de tanto olvido, nos cobijamos en las cosas que poseemos, o en las personas, o en las ideas. Y, así, poco a poco, entre la necesidad de poseer y la fatalidad de olvidar, la vida se llena y se vacía, paradójicamente, al mismo tiempo.

Hoy la lógica capitalista borrosa da una nueva vuelta de tuerca al mundo, a la economía, a nuestras vidas, a lo real. Vivimos una nueva época de miedos y temores añadidos. Miedo a perder el trabajo que ya no se tiene o la casa que ya no se posee. Miedo, no ya al futuro, sino al mismo presente que niega, que no soporta afirmar, un porvenir vacío de contingencia e incertidumbre, porque todo mañana ha sido ya descrito en el juego de las previsiones y las estadísticas.

Hoy se acusa de ilegítima defensa a quienes ejercen su derecho a rebelarse contra la situación que han creado políticos corruptos, banqueros depredadores y empresarios burbujeantes. Mañana no sabemos hasta dónde llegará la acusación de todos aquellos que han provocado que, en esta época de miedos, el mayor miedo tenga que ver precisamente con ese mañana.

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