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Un tramo final cargado de optimismo

Después del quinto triunfo consecutivo como local, un lavado de cara lejos de Murcia, el excelente rendimiento de Quincy Douby, y con los problemas de lesiones en el olvido, UCAM Murcia se siente más cerca de volver a ser ACB la próxima temporada.

El ‘efecto Quintana’ vuelve a pisar un poco más el acelerador esta semana. Quinta victoria consecutiva del equipo ante su afición y un colchón de dos triunfos de ventaja sobre el descenso, ya sin ningún hilo colgando con la derrota de Asefa Estudiantes frente a Mad-Croc Fuenlabrada en el aplazado de la 23ª jornada y que deja más de un mes después la clasificación de la Liga Endesa libre de asteriscos.

La situación es la siguiente. UCAM Murcia, con un espinoso entramado de siete partidos hasta el final de la competición regular, se jugará sus opciones de salvación en los partidos de casa. Por el Palacio de los Deportes murciano desfilarán Unicaja Málaga, Lucentum Alicante y Assignia Manresa. Tres factibles victorias que prácticamente asegurarían una permanencia vista con mucho mejores ojos que el 31 de enero, día en que se oficializaba la llegada de Óscar Quintana como capitán de barco.

Pero no, este equipo es otro. Dejó de ser conformista hace dos meses. Quintana puso pilas, bajó humos y puntualizó prioridades. Su filosofía: día a día, partido a partido. No importa el rival. Da igual si dentro de dos semanas se recibe en casa al último clasificado de la liga de Rumanía. Si esta semana se visita la cancha del CSKA de Moscú, no existe un más allá, ganar es el objetivo.

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Y con una valiosa victoria a domicilio entre ceja y ceja es como viajará este fin de semana la expedición murcianista a San Sebastián, donde le espera el equipo revelación de la liga, el Lagun Aro GBC, cuarto clasificado y mejor equipo de la Liga Endesa en esta segunda vuelta donde sólo ha sido derrotado en dos ocasiones y ha pasado por encima de históricos como el Real Madrid o el Caja Laboral. Fue además Lagun Aro GBC quien cavó la tumba del ex entrenador de UCAM Murcia, Luis Guil, el pasado 22 de enero, cuando el equipo pimentonero dejó escapar una renta de quince puntos a favor a falta de nueve minutos de la conclusión. Circunstancia que además metió a los de Sito Alonso, entrenador de los guipuzcoanos, en la Copa del Rey por primera vez en su historia.

Mejor imagen lejos de Murcia

Pero, como decíamos, nada de eso importa. Una victoria a domicilio, supondría la segunda de la temporada y allanaría aún más el camino a la salvación, en el que no sólo se visitará la plaza de toros de Illumbe, sino que toca además clavar bandera en canchas tan difíciles como las de Caja Laboral, Real Madrid y Asefa Estudiantes, un último duelo de tintes dramáticos.

Pero a pesar de la adversidad, el equipo de Óscar Quintana encuentra resquicios para el optimismo. Las bruscas palabras del entrenador cántabro hace unas semanas, “cogemos la autopista y nos cagamos en los pantalones”, parecen haber surtido efecto motivacional en el vestuario rojillo. La visita a Valencia fue una buena prueba de ello, donde UCAM Murcia contó con serias opciones de victoria pero un más que polémico arbitraje que llegó a contabilizar hasta 22 faltas y tres técnicas (dos de ellas expulsaron a Quintana) en el tercer cuarto, terminaron por apartarle del triunfo. Pero como quedarse con lo malo no sirve de nada, mejor quedarse con las sensaciones. Con el hecho de pensar que se estuvo cerca de ganar en su propia pista a todo un Valencia Basket. O con la recuperación de Josep Franch. O con los 17 puntos de un indigesto Quincy Douby (al final del partido terminó vomitando en el vestuario). O con el calor de un centenar de fieles que no encontraron mejor manera de pasar un sábado que subiéndose en un autobús para hacer un viaje Murcia-Valencia-Murcia. Estos últimos no estarán en el lejano San Sebastián, pero sí, se puede ganar. Y lo mejor de todo, eso es lo que doce jugadores y un cuerpo técnico entero creen.

El mejor momento de la temporada

Existen motivos para ser optimista. Por fin. Un club acostumbrado a la decepción, a tener que mirar desde abajo y a encontrarse dificultades que sortear como si de un mal de ojo se tratase cada año. La sartén está cogida por el mango. Un club que ha descendido de la ACB en cuatro ocasiones depende ahora de sí mismo, y nadie más, para evitar la quinta.

Pero no todo ha sido un camino de rosas hasta ahora. Muchos han sido los obstáculos que ha tenido que sortear UCAM Murcia, incluso desde la misma pretemporada, con las lesiones de Jasen, Grimau y Miso, que también les lastrarían en el inicio de la temporada. Además, el acoplamiento entre compañeros tardaba en llegar, lógico cuando nueve de los mismos son nuevos, y el que equipo sufría mucho en ataque, siendo uno de los peores de toda la temporada en este aspecto. Había huecos por rellenar, como la posición de escolta anotador, que venía demasiado grande a Andrés Miso, o la ayuda de un base más experimentado para Franch y Rivero. El cara o cruz para decidir entre Kurz y Walsh tampoco era favorable para el equipo y además se producían movimientos difíciles de entender, como el fichaje de Marko Popovic. Tampoco parecía ser el salvador que ahora es Ime Udoka, que llegado bajo de forma y por adaptarse sufría con el rol otorgado por Luis Guil, que abandonaría el equipo tras los ridículos de Lagun Aro y Barcelona.

Su sustituto era Óscar Quintana, que sentaba como una bocanada de aire fresco al equipo pero no conseguía aún limpiar la imagen del mismo lejos de Murcia. Además, este era un equipo diseñado para otro entrenador y necesitaba ajustar las piezas. Kurz había de salir y llegaba un base americano jugón con alma anotadora, Curtis Jerrells. Una semana tarde debido a la mala gestión de su fichaje, pero llegaba. Llegaba y enamoraba en su primer partido. Pero en su segundo, crack. Rotura de la base del quinto metatarsiano de su pie izquierdo. Volvían los nubarrones, pero entonces un gran esfuerzo económico (veremos cómo de grande según pase el tiempo) traía a Murcia a uno de los mejores anotadores del mundo fuera de la NBA, Quincy Douby. Afectado por el jet lag y más de cuatro meses sin competir, su primer partido quedaba para olvidar por el desacierto pero para recordar por su empeño. Y como el talento procede del trabajo, dos partidos y 17 puntos en cada uno confirman haber dado con la tecla correcta.

Equipo sano, completo, sin fisuras y que no va a sufrir más variaciones de aquí a final de temporada. Un entrenador en quien se confía y que confía en lo que tiene. E, importante, una afición entregada y con una ilusión como hacía tiempo no se recordaba. Y no sólo sensaciones, sino también resultados. Cinco victorias seguidas como local, una imagen como visitante muy mejorada y un colchón de dos victorias sobre un triste Asefa Estudiantes que, eso sí, aún puede revivir.

La fórmula está clara. Humildad, ir partido a partido y no pensar en lo que hagan los rivales directos. Y en la pista, defensa y a correr. Parece fácil, pero ni mucho menos. Aún queda mucho, pero, por qué no decirlo, Murcia respira optimismo.

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