
Que nadie se asuste si ve a manadas de jóvenes, vestidos de forma pintoresca y con pulseritas de colores, andando en fila, como las hormiguitas, en dirección al recinto ferial La Fica… es que el SOS 4.8 ha vuelto a la ciudad. Durante su primer día, grupos locales, nacionales, internacionales, e incluso interdimensionales (ya que algunos han vuelto, prácticamente, de la tumba) coparon los diversos escenarios del evento, para regocijo de muchos y pesambre de los vecinos de la zona. A continuación, comentaremos algunos de las múltiples realidades que acoge este festival.
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Grupos paparajoteros
El cartel del SOS 4.8 está copado por artistas internacionales de la talla de Pulp o Gossip, que tocan en el escenario de mayor envergadura (el de Estrella Levante), en prime time. También hay un lugar para los grupos locales, como Perro, Analogic o The Leadings, pero en un escenario más pequeñito (el de Jagermeister) y, la mayoría de ellos, a horas en las que el sol todavía brilla en lo alto. Que nadie se equivoque: estos grupos han demostrado tener un potente directo y estar a la altura del festival, pero como suele ocurrir en casi todas partes, se le da mucho más bombo a lo que viene de fuera, y no se aprecia como se merece lo que tenemos en casa.
El surrealismo llega a los DJ
Tras una cortina, se esconde un lugar a medio camino entre la magia y el surrealismo, decorado con luz negra y casas pintado de amarillo fluorescente donde se pueden observar diversas obras de arte moderno. En el centro de este escenario, dos hombres ataviados con peluca rubia y chándal, que se hacen llamar Ojete calor, realizan la sesión de DJ más pintoresca de la historia, alternando música disco con los grandes éxitos de Mocedades. Como no podía ser menos, esta actuación cómica está cargada de bromas, risas, y gente bailando y pasándoselo muy bien… Sin duda, la sorpresa más divertida del festival.
De algo hay que vivir… dame Veneno
Versos tan geniales como “Dice la gente que de algo hay que vivir, que sólo se muere una vez, yo creo que eso no es así. Se muere muchas veces… yo siempre muero por ti”, solo pueden ser del maestro Kiko Veneno. En un festival dedicado a la música electrónica y al pop, sorprende ver la rendición absoluta del Auditorio Narciso Yepes a los pies del compositor catalán. Vítores ensordecedores, toda la audiencia en pie bailando e ignorando las butacas, los aplausos de una canción que se mezclaban con las palmas de la siguiente, gente quedando afónica pidiendo un bis… son pruebas irrefutables del gran éxito de este artista, capaz de triunfar en un evento creado, mayoritariamente, para popis, modernillos y gafapastas (todo esto, por supuesto, dicho desde el cariño que me merecen estas tribus urbanas, y cualquier otra que no lleve la violencia por bandera).
Camping 2.0 €
Si bien en ediciones anteriores las críticas por el penoso estado del camping fueron tan sonadas que llegaron a ser emitidas en un programa de televisión nacional, y algunos de sus habitantes lo comparaban con un “campo de concentración”, este año hemos visto un lugar mucho más adecuado para unas condiciones de vida sostenibles, con más aseos, duchas, y sombras. Eso sí; previo pago de 20 euros.
El retorno de Pulp
Muchos solo conocen a Jarvis Cocker por ser el hombre que le enseñó el culo a Michael Jackson durante su actuación en los Premios Brits en 1996. Pero este showman también es el cantante, líder y artífice de la banda que revolucionó el brit-pop a principios de los ’90: Pulp. Casi todos los asistentes al festival se acercaron a escuchar al legendario grupo británico. Algunos por devoción, otros, simplemente por ver a una leyenda resucitada, que estuvo casi diez años durmiendo el sueño de los justos, hasta el pasado 2011. El ambiente era bien distinto en el concierto, dependiendo de donde estuvieras viéndolo: en las primeras filas los más fans cantaban las letras, gritaban a Jarvis, e incluso un matrimonio de ingleses jubilados, con hijo inclusive, reconocían estar viviendo el sueño de su vida al poder, por fin, contemplar a su banda favorita; aunque fuera tan lejos de casa. A partir de la fila 50, el panorama era bien distinto: la gente gritaba en medio de las canciones, otros improvisaban un cumpleaños feliz, mientras algunos trataban de hacerse una raya encima de una tablet, asistidos por sus compañeros que les alumbraban con sus smartphones de última generación.
Lo cierto y verdad es que el grupo ofreció un espectacular show, en el que Jarvis no paró de moverse ni un segundo, mientras hacía diversas cabriolas con su ya mítico micrófono-linterna. Y que incluso los de la última fila enloquecieron cuando tocaron su tema más popular, Common people. Por último solo destacar que las clases de español que ha tomado Jarvis le han servido para aprender tres frases fundamentales: “buenas noches”, “muchas gracias”, y… “enséñame tu ropa interior”.
Murcia no se vende… bien
Comentan dos chicas mallorquinas, veteranas de este festival (una de ellas portaba tres pulseras que la acreditaban como tripitidora en el SOS 4.8) que es una pena lo mal que se vende Murcia, y lo poco que se aprovecha este evento para darle la merecida consideración a los maravillosos rincones que tiene la ciudad. “Aquí nadie ha oído hablar de la Catedral, ni del Casino; tampoco saben que a pocos minutos del recinto hay un parque [el de los Patos, en Vistabella] que es Premio Nacional de Arquitectura… solo saben que si salen del festival, andan cinco minutos, y se equivocan de dirección, pueden acabar en alguno de los barrios más peligrosos de la ciudad; y esa es la imagen de Murcia que muchos se llevan de vuelta […] Nosotras hemos tenido que descubrir estos lugares por nuestra cuenta”, comentaban con tristeza y enfado.
Un cotilleo a voces
“Me gustaría saber quienes son los cabrones que decidieron que tendríamos que tocar después de los Pulp”, comentaba, haciendo gala de su gran sentido del humor, Beth Ditto, cantante de la banda Gossip (en español, cotilleo). Un poderoso chorro de voz que hace bailar hasta a las vallas anti-avalancha, y unos ritmos trepidantes, son los sellos de este grupo de indie rock norteamericano. El colofón a sus grandes temas como ‘Standing in the Way of Control’ lo pone la simpatía y complicidad para con su público que derrocha Beth, hasta el punto de que se produjo una avalancha humana cuando se acercó a saludar, personalmente, a todos los asistentes de la primera fila.



